lunes, 25 de agosto de 2014

EL DIABLO SOBRE RUEDAS (1971)



Un film de Steven Spielberg. Sí, el director de Jurasic Park comenzó rodando una película de muy bajo presupuesto con un argumento simple pero inquietante: The Duel. Los que me conocen saben que siempre me estoy quejando de las traducciones de los títulos del inglés y de los doblajes malos, pero en este caso me gusta bastante más el título en español que el inglés. Parece como que El diablo sobre ruedas tiene más gancho.

         En un principio la película estaba destinada a ser una TV movie, pero el talento que demostró el joven Spielberg de 25 años con la película hizo que fuera estrenada en cines. El protagonista es un currante oficinista que tiene que llegar a una reunión y tiene algo de prisa. En el camino por carretera se encuentra con un camión cisterna no tiene más remedio que adelantarlo, ¡craso error! Al adelantarlo el conductor del camión se encabrona bastante y comienza a perseguir a nuestro protagonista.  La película explota esos pensamientos paranoicos que alguna vez nos asaltan cuando conducimos: “¿estará persiguiéndome ese coche?, ¿Por qué se acerca tanto a mi?, ¿Por qué acelera cuando yo acelero?”
      La manera en que Spielberg maneja la tensión del film, los planos y los detalles como las botas del camionero hacen que la película no tenga desperdicio.    



Terminaré diciendo que es una película que me gusta mucho, seguramente porque la vi por primera vez cuando era un crio y me recuerda a mi infancia, pero también porque es una muestra del primer Steven Spielberg, con un cine mucho más independiente libre de la etiqueta de comercial que le caería más tarde.  


miércoles, 20 de agosto de 2014

28 DÍAS DESPUÉS



28 días después es conocida por ser la película que de devolvió la vida al género zombi. Danny Boyle nos sorprende con esta película y marca las pautas para una nueva forma de hacer cine de terror. Lo curioso es que seguramente Danny Boyle no estaba pensando especialmente en los zombis cuando concibe la película. No son zombis, y no se parecen en nada a los zombis conocidos hasta el momento. Lo que hay en el film son infectados. Infectados por un virus que crea en ellos impulsos violentos, una especie de rabia.
Los infectados son la excusa perfecta para presentar un mundo deshumanizado y ver cómo sería Londres sin la actividad constante que le caracteriza. El protagonista se despierta en un hospital, sin saber qué ha pasado y su única palabra es “hello!”, como buscando iniciar un diálogo sin éxito. La repite varias veces sin respuesta. 


Más adelante es cuando encuentra a su compañera de supervivencia (ya sabéis que en toda peli de terror o apocalíptica que se precie siempre hay un pequeño grupo de supervivientes que se las apañan para ir muriendo poco a poco hasta que sólo queda uno o ninguno) y llegan al refugio de un padre y su hija. Es entonces  cuando pasamos a la parte Road movie del film. Cogen su coche típicamente inglés y emprenden un viaje hacia un campamento militar (es curioso cómo se pueden hacer tantas películas distintas con un mismo argumento). Entonces desaparecen los zombis y tenemos una media hora de Road movie en el que podemos ver el mundo interior de los personajes y su evolución.
Destaca la fotografía. La mayoría de las escenas están muy iluminadas. Cosa que no suele ser habitual en las películas del género, más oscuras.
La acción comienza cuando llegan los militares y se dan cuenta de que el enemigo a combatir no son los infectados, sino los soldados (ironías de la vida, Homo homini lupus est). En la segunda parte de esta saga veremos que los militares vuelven a ser una parte importante de la trama. Lo que más me intriga de esta parte es la escultura del Lacoonte que aparece en la mansión donde los militares han establecido el campamento. Hay numerosos planos de la escultura y no entiendo muy bien si está ahí por algún motivo concreto o si es simplemente una escultura que le gustó al director o venía incluida con la mansión cuando la alquilaron para grabar ahí.

            Mi escena preferida es la del cuervo. Me parece una película indispensable para todo el mundo que sea asiduo al cine de zombis. Pero es esta distanciación con respecto al resto de películas de terror la que hace que sea una muy buena película incluso para los que no gusten del género de los zombis. Por tanto mi sugerencia es que la veáis sí o sí.   

martes, 19 de agosto de 2014

28 SEMANAS DESPUÉS




         Desde mi punto de vista este es uno de esos extraños casos en los que la secuela supera con creces a la primera película. No me cansaré de repetirlo: 28 Semanas Después es la mejor película de zombis realizada hasta la fecha. Yo fui a verla al cine cuando se estrenó y me dejó impresionado.

         Desde el principio el film ya es genial. Un grupo de supervivientes a la infección ha conseguido refugiarse en una casa de campo cuando un niño llama a la puerta. La secuencia inicial está muy bien preparada y la banda sonora es perfecta. Tras estos primeros 5 minutos no tendréis más remedio que seguir viendo la película porque es un film que atrapa.
         Han pasado 28 semanas desde que la infección se propagó por la isla de Inglaterra. Todos los infectados han muerto debido a la inanición y la infección no ha llegado a Europa gracias a la barrera natural del mar, así que se da comienzo a la reconstrucción del país empezando por una parte de la ciudad de Londres. Ver la ciudad de Londres vacía y como escenario de la acción es un valor añadido al film. Las escenas en las que pasean por las calles postapocalípticas de Londres con la niebla matinal se podrían usar como reclamo turístico.
         Además, la película tiene sabor nacional, el director es Juan Carlos Fresnadillo. Es su segunda película y no ha vuelto a hacer nada que se le acerque a la genialidad de 28 Semanas Después.

         Me parece la mejor película de Zombis que hay. Es una gran película incluso para aquellos a los que no les gustan las pelis de zombis. Siempre que me piden que recomiende alguna película  y les digo que vean 28 Semanas Después me miran con cara rara y tengo que insistirles en que la vean, que les va a gustar aunque no me crean, que merece la pena… y cuando por fin me hacen caso, reconocen que tenía razón. 
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